¡Proletarios de Europa y el mundo, uníos!
| Artículo sobre el racismo en España: Los padres moros de los españoles |
Oriente, Occidente, nacionalismo y socialismo |
(Madrid, lunes/13.02.06) La obsesión del propagandista que comprueba con obviedad cómo se desmorona aquello que predica y de lo cual depende para su sustento, es ante todo recurrir al sofisma y a la impostura superlativa. Así ocurre hoy con la deriva pro-capitalista a ultranza que lleva convirtiendo al mundo en un cenagal de iniquidad libre mercantil, fanatismo pan-nacionalista y religioso, y belicismo sangriento. Puesto que la ideología oficialista neoliberal del “fin de la Historia”, tan difundida desde la disolución del Pacto de Varsovia y tan relegada hoy por todos los que la ensalzaban hace no muchos años, es ya un fraude hasta para los más ignorantes periodistas, y se ha sustituido por la cruda evidencia de la inacabable sucesión de cataclismos sociales a cuál más nefasto dentro del sistema capitalista , se trata ahora de mantener al menos la falsa creencia, la superchería igualmente alienante de que la guerra y la podredumbre que acompaña al sistema capitalista ya básicamente hegemónico en el planeta, es el resultado de los elementos accesorios al sistema genérico capitalista y librecambista, el cual es un valor en sí mismo que toda civilización debe presuponer insustituible e incontestable. Estos elementos pretendidamente “externos” al sistema capitalista propiamente dicho son las estructuras “ culturales” que componen, para los científicos sociales de la burguesía reaccionaria mundial, una dimensión o accidente de orden diferencial al sistema económico; esta epistemología subjetivista e idealista, es una estrategia ideológica marrullera, digna de una burguesía histérica que observa desesperada cómo todo su entramado analítico, filosófico y propagandístico no encuentra más apoyo que el burdo positivismo de más chato Perogrullo. Según los propaladores de estos paradigmas explicativos, es en razón de las formas de pensar, de las normas sociales, de las religiones y de las tradiciones diversas muchas veces precapitalistas , que hay enemistad, confrontación homicida y guerra en el seno del sistema mundial felizmente capitalista. Pero la “paz” que se esperaba en el librecambismo triunfador sobre el “socialismo real” se ha convertido en un infierno hasta para sus más íntimos promotores. Por esta misma circunstancia inesperada para ellos , no cabe otra escapatoria interpretativa para estos profesionales del embuste arrobador que comenzar a dibujar con el máximo de puntillismo los contornos extravagantes y alógenos de aquellos partidarios también del capitalismo y de aquellas sociedades igualmente librecambistas, neoliberales, que clasifican como “culturas” o “civilizaciones” diferenciales y que están categorizando con creciente énfasis como “razas” y que pronto identificarán como especies , con el objetivo desvergonzado de explicar las distorsiones del capitalismo por factores ajenos al mismo. Así, el Islam y el Hinduismo y otras instituciones místicas, según estos delirantes fanáticos de la burguesía cristiana, crean tensiones mundiales contrarias a la paz “connatural” que se asocia al capitalismo globalizado porque introducen agentes extraños de su tradición u órbita cultural no-capitalista o sospechosamente cuasi-capitalistas, lo que retiene a sus miembros en el atraso y les lleva a tropezar con ese muy “civilizado” mundo occidental “capitalista” en el que el desarrollo humano, la justicia, la paz, la racionalidad y la tolerancia, se han verificado gracias al capitalismo mismo. Este jarabe ideológico vomitivo es lo que Europa y EEUU, el mundo cristiano, está en estos días recetando a los que sospechan que en el mundo, en la sociedad global post-soviética, están más que nunca abiertas las cloacas del sistema precisamente por estar el sistema mundial en manos de las clases burguesas, de ideología e intereses capitalistas y neoliberales, que además son básicamente ultraconservadoras y reaccionarias en todos los países.
Estos días, con motivo de las ofuscadas manifestaciones de las facciones más integristas del mundo musulmán contra la publicación de caricaturas en la prensa de la UE, se oyen en Europa, en todas sus variaciones y entre otras más ponderadas, las voces de los que llenos de odio consideran a los musulmanes y a todos los que no sean cristianos como bárbaros incivilizados incapaces de comprender las nociones revueltas de individualidad y la libertad de expresión, los excelsos valores del laicismo, la caridad cristiana, la división de poderes, la democracia, el respeto mutuo, el estado de derecho y otros tópicos que aplicadas a la cuestión no son más que sofismas con poco sentido para confundir a las gentes desinformadas, a las más atrasadas de la sociedad, y para exaltar los ánimos del nazifascismo que se esconde en las mentes de todos los occidentales que tienen en el nacionalismo capitalista el altar de sus preocupaciones.
Lo primero que es preciso rebatir es la maniática concepción para-evolucionista de que los pueblos musulmanes se encuentran empantanados en una fase evolutiva anterior a la de las naciones occidentales industrialmente desarrolladas. Se trata de lo contrario. Los pueblos y estados musulmanes, si algo están aplicando con fervor y tenacidad es la versión más moderna y vanguardista de ultrarreaccionarismo religioso, fascista y capitalista librecambista, bravamente anticomunista, que se ha inventado en EEUU y en sus universidades y escuelas de negocios, y facultades de ciencias políticas y antropología neoliberal propagandista, en las cuales han medrado los Fukuyamas y sobre todo los Huntington. Los países musulmanes están aplicando vías de industrialización urgentes, de rápida expansión mercantil y productiva, de crecimiento sin obstáculos del capital, pero paralelamente reaccionarias y agresivas para la clase proletaria mayoritaria si las comparamos con los restos decadentes pero aún importantes (sobre todo en el sistema de valores ideológico) de los sistemas democráticos, redistribuidores, de derechos fundamentales de huelga, libertad de reunión, de sindicación, expresión y demás atributos socializadores que aún perviven en Europa y que son pura basura desdeñable para la mayoría de los sectores conservadores anglosajones de los países más ricos de Occidente, elites y burguesías que están bregando con todas sus fuerzas desde hace años para liquidar lo que ellos consideran un atraso de la “vieja Europa” “corrompida” por el socialismo, el comunismo bolchevique y el ateísmo laicizante. Los ricos neocons antiliberales de los EEUU, el país con más fanatismo religioso del mundo, seguido por la República Islámica de Irán, según sus propios estudios estadísticos, ha difundido un tipo de modernidad que se da a comprender a los europeos envuelta ad hoc en el excipiente de los derechos humanos que se sostienen apenas a algo más que a los esfuerzos del proletariado demócrata y la burguesía minoritaria más preclara de ese país. Sin embargo, eso no es ya lo “moderno”, sino lo marginal, lo atrasado y decadente para quienes están prodigándose en construir el capitalismo imperialista en el mundo desde los años de Ronald Reagan y la “Dama de hierro”. Los árabes han sido los mejores alumnos, siempre tan pro-yanquis hasta que el fin de la cruzada contra el “socialismo real” les ha ido desligando, y a través de las enseñanzas religioso-políticas de la función religiosa evangelista radical, para los europeos inconcebiblemente popular en EEUU, han importado pistas para adaptar la función del integrismo religioso al rentable negocio de capitalismo imperialista, echando mano del sustrato religioso islámico y añadiendo el fanatismo como instrumento de ingeniería social avanzada patentado en los Estados Unidos de América y su espléndida “civilización” ultramoderna. Entretanto, los analistas ignorantes y apolillados de Europa, dueños de decrépitos púlpitos universitarios, funcionariales y periodísticos ideológicamente miserables y pertenecientes a instituciones en manos de empresarios y burocracias incapaces de invertir en estudios prácticos fuera de sus aldeas nacionales, se limitan a fantasear asustados y pedantes sobre unos musulmanes homologados estúpidamente a salvajes hostiles a los sacrosantos derechos constitucionales. No, señores pedantuelos europeos detentadores de inmerecidas canonjías, periodistas ignorantes de tertulia, los árabes y pueblos musulmanes siempre fueron grandes emuladores de las últimas corrientes de la modernidad e intentaron de manera más rotunda y sistemática la renovación social, la absorción de modas y tecnologías, de sistemas sociales y regímenes políticos enteros y completos: el nasserismo, el baasismo, la revolución argelina, el socialismo pro-soviético a dos pasos de La Meca (Yemen), los golpes de estado republicanos continuados en Marruecos, el laicismo tunecino, el laicismo socialista de Al-Fatah, Afganistán socialista y laico, Pakistán de Ali Butto socialista (y ahorcado por Zia y sus amigos de la CIA), y muchos otros movimientos “modernistas” de independencia y superación de millones de personas, países y naciones, ajustaron ceñidamente el paso a las transformaciones de lo que décadas atrás fue la “modernidad” social-democratizante europea y mundial. Pero todo tiene sus límites y la gente ya no tiene qué comer en este proceloso mar en el que las alimañas capitalistas triunfan: por eso, porque están doblegados por las potencias imperialistas occidentales, los árabes y países musulmanes han debido adaptarse a la modernidad actual o perecer en medio de las sucias corrientes del librecambismo global que se han impuesto a hierro y sangre con la expansión del modelo capitalista pro-occidental (acompañado de la masacre de los movimientos de masas ultramodernos y socialistas desde la posguerra mundial).
Se oye mucho, en Europa, eso de que los musulmanes llevan seis siglos de retraso en comparación con Europa, y paternalistamente, que también los cristianos hace siglos gritaban ofuscados con igual indignación ante el escarnio antirreligioso. Pero es más bien lo opuesto, también en otro sentido: los cristianos de la Unión Europea llevan unas cuantas décadas de “retraso”, medido en coordenadas anglosajonas, en relación con el movimiento neo-religioso de masas de los países musulmanes y... de los cristianos de EEUU y de los judíos de Israel. En verdad, el etnocentrista cree que hay otros mundos pero que están en el suyo (parafraseando al poeta decimonónico). El cristiano europeo occidental, como el ciudadano laico, intoxicado por su ignorancia sobre Estados Unidos por el cine propagandístico más políticamente correcto y liberal norteamericano, y por la propaganda que sólo describe inanidades o valores universales abstractos occidentales para consumo de todos los públicos, auténticos desiderátum y entelequias sin relación alguna con la realidad más común de los EEUU, vive convencido de que el cristianismo europeo es la cima de la evolución al progreso de la humanidad, lo más cercano a la gloria humanista y a la bondad cósmica, sin apercibirse que toda su doctrina, su sistema de creencias, confusos esquemas psicosociales, nebulosos principios y su discursos cotidianos en este principio de siglo XXI están absolutamente atravesados y deformados por los principios de la Ilustración del XVIII y por el materialismo agnóstico, y la ideología cientifista y por el socialismo que, desde la Revolución francesa no han hecho más que minar sin respiro el catolicismo y el evangelismo, hasta llevarlos a los límites de su erradicación, política directa (amenaza del comunismo y de los regímenes soviéticos, anticlericalismo burgués revolucionario), y cívica (laicismo, racionalismo, “secularismo” como diría M. Weber, consumismo, estados de derecho y de bienestar, promoción de la mujer y demás). Todos esos valores que los cristianos de hoy enarbolan con mayor o menor literalidad para demostrar su tolerancia diferencial con la “maldad” religiosa del Islam, no pertenecen de ninguna manera a la doctrina genuina del cristianismo, el cual, de aplicarse honestamente, vería a sus partidarios coherentes y fieles seguidores entrar en litigio con los tribunales penales aparte de con la resistencia espontánea de la ciudadanía. Los valores propios o importados de la sociedad civil seglar que la Iglesia evangélica o católica ha ido adaptando, modificando, introyectando u olvidando para sobrevivir, son precisamente los que por una parte aprovechan los creyentes cristianos antimusulmanes para alentar la hostilidad imperialista y racista europea hacia los semitas e islamitas a su vez reaccionarios, y son los mismos preceptos que esgrimen ufanos para apuntalar el embeleco del famoso “choque de civilizaciones”. Esta posición ideológica encierra sin embargo una intencionalidad táctica que hace que lo más anacrónico y lo más idéntico a la naturaleza retrógrada del cristianismo de Europa y Occidente delaten fatalmente su mismidad con el fanatismo musulmán y de cualquier otra religión contemporánea, pues la casi totalidad de las religiones de masas contemporáneas están igualmente en fase dialógica de recomposición para insertar calculadamente sus elementos más impopulares en modelos no religiosos, seculares, valorados por mayorías, lo que facilita su participación en la actual “ modernización” . Una vez que se apropian convenientemente sesgados los principios y préstamos del decadente agnosticismo laicizante europeo, despreciado hoy más que nunca por la burguesía neoliberal y por el capitalismo dominantes también en Europa (en especial en la de los países ex-socialistas), como método de superficial sublimación civilizacional frente al infiel sarraceno (u otro) y como movilización populista del resto de la ciudadanía laica, el movimiento moderno retro-cristiano, igual de integrista, tiránico, siniestro y reaccionario que el musulmán en sus objetivos (pero no en sus posibilidades aún) se apresta indefectiblemente a implantar en paralelo, en la medida de sus posibilidades y con auténtico frenesí fanático, toda la inmundicia que siglos de lucha de ciencia, razón y socialismo han costado reducir a generaciones enteras, y cuyo acervo ilustrado, la auténtica obra civilizacional e identitaria de Europa, han legado a unas naciones que hoy padecen el desequilibrio de poder frente a las agresiones y maniobras conspiratorias de las fuerzas más negras del capitalismo, el fascismo y la religión.
El anterior Papa vaticano, Juan Pablo II, coinició con otros líderes reaccionarios euro-americanos el camino de la agresión al legado ilustrado de la Europa laica y anticlerical, una ofensiva de amplitud a largo plazo, de carácter vengativo y a modo de zapa, que acompañaba la cruzada anticomunista y ha proseguido después insaciable contra la mismísima herencia del Renacimiento humanista que los mismos Papas renacentistas promovieron en algunas de sus formas más piadosas. Ese papa tenebroso no dudó en aliarse con las sectas evangélicas más violentas y terroristas que asolaban la protesta social en América Latina aún al precio de la pérdida de feligreses a favor de los fanáticos luteranos y demás carniceros bíblicos. El actual vicediós del Reino Vaticano se ha propuesto “reconvertir a Europa al cristianismo”, tomando para ello el nombre del santo patrón del continente, y presionando a las burocracias europeas para insertar en la constitución ultraliberal que fue rechazada por el proletariado francés la glorificación de la ya precaria identidad cristiana de Europa. Estos no son más que visos ejemplares en la alta política del hecho fundamental que se quiere enfatizar en esta reflexión: que el “choque de civilizaciones” (paradójicamente a causa de la sofisticada estrategia propagandística y de la intencionalidad confusionista) más pone en evidencia su falsedad distintiva cuanto mayor es la ofuscación con que aquellos sectores interesados en avivar la rivalidad entre supuestas civilizaciones apuntan los rasgos diferenciales: la pugna entre esas religiones o supuestas civilizaciones destapa la coincidencia de medios y objetivos, la misma mordacidad intolerante y beata, la misma crueldad racista e insolidaria, igual axioma autista e infalible, idéntica fe en una misteriosa divinidad que la “vieja Europa” abomina, igual aspiración política teocrática, semejante estupidez irracional, simétrica segregación entre sexos, equivalente sumisión al amo, al pater , al patrón y al capital, el mismo apoyo al patrioterismo e imperialismo librecambista,... gemela lesa a la inteligencia humana que enunciaba S. Freud. El Reino Vaticano es consciente de esta equivalencia más que diferencia, y por ello no tiene más remedio que aprovechar en la vorágine presente para invocar en las autoridades civiles de la UE la inducción de un mayor respeto a los símbolos y materias religiosas de todas las doctrinas por igual, en claro perjuicio del impulso escéptico y laico con que las mayorías ciudadanas europeas han organizado su vida voluntariamente y que resulta ser el objetivo preferente a minar por las reformas del actual monarca absoluto católico. Sin duda esta homologación de la defensa, en principio, de toda religión en Europa beneficia mucho más específicamente a la más presente y organizada religión católica, y por consiguiente, a más largo plazo, la movilización social para la confrontación excluyente hacia las religiones competidoras.
Los estados de los países musulmanes subyugados por el imperialismo anglosajón y en menor medida europeo están a su vez emponzoñados por el capitalismo rampante, imponen su despotismo oligárquico y, en cuanto pueden, extienden sus tentáculos imperialistas regionales y más modestos a cualquier vecino que dé muestras de debilidad; y por supuesto, se legitiman en la santidad providencial para manipular a sus clases trabajadoras y abiertamente despreciadas, censuradas y privadas de la libertad de expresión sobre casi todo salvo para la alabanza de Alá, su profeta y todos energúmenos que los esclavizan ungidos de santurronería beata; pero, indiscutiblemente, para ignorancia del filisteísmo europeo, son buenos modelos de neoliberalismo de última ola, pues los capitalistas y propietarios, terratenientes y patrones, funcionarios y sátrapas sienten que sus propiedades y privilegios son intocables, sus beneficios sagrados, y que la religión inculca sin miramientos y con violencia inmisericorde estos valores y opiniones afines glorificados y sostenidos abiertamente por el Islam, como es el caso también del sistema de neopatriarcado, que sustituye el justiprecio salarial por el soborno caritativo entre los molestos subalternos y pobres. No es un secreto que el islamismo es un cáncer para la redención de los explotados, contribuyendo poderosamente (a costa del despilfarro en violencias de todo género y del desgarro demoledor del ser humano) a que la clase trabajadora y expoliada obtempere con esas condiciones nocivas pero hegemónicas, de abuso de manera profunda de su ser e intereses más íntimos, a cambio de unas migajas piadosas y miserables, mucha resignación y muchos castigos y control social de todo tipo, hasta convertir la inhibición de la sublevación ante el atropello en una virtud hondamente encadenada en las entrañas psíquicas del reducido a súbdito en cuerpo y alma. Si esto no ha continuado ocurriendo de manera tan demencial y extendida entre las clases trabajadoras de Europa es por los esfuerzos desesperados y revolucionarios de proletariado socialista y comunista, de los ateos librepensadores, de la vanguardia del proletariado incesantemente en lucha por concienciarse del oprobio y ávido de lo ecuánime, por franquear los límites de su miseria con ciencia realista, terrena, alimentando su infinita sed por participar en los más excelsos descubrimientos y avances que los burgueses revolucionarios más racionalistas y eruditos apenas pretendían difundir al vulgo. La maduración del capital y los colapsos dramáticos causados por las contradicciones del modo de producción europeo durante siglos han determinado las conductas e ideologías anti-religiosas de las clases trabajadoras e influido a toda la civilización continental y mundial hasta convertirse en una alternativa permanente y silenciada por los monstruosos esfuerzos propagandísticos pro-religiosos de la burguesía contemporánea para afrontar la civilización del socialismo pleno. Si hoy en el mundo musulmán no se absorben los progresos del proletariado vanguardista europeo y del socialismo e, incluso, de la vieja burguesía revolucionaria más adelantada, es porque estos bienes y valores han dejado de exportarse, están arrinconados, relegados y escondidos, mientras que lo peor y más carcomido de la civilización europea se ha apoderado del escaparate continental, y que la más rancia regresión y perversión de las potencias sociales civilizadoras de Europa se hallan secuestradas por la cara más desafortunada y esperpéntica del capitalismo salvaje, sólo retenido en parte, morigerado, por las clases trabajadoras del continente. Este capital desaprensivo y destructivo, intolerante y hostil, es el que se promociona y se exporta, el que sirve de modelo de triunfo social en todo el planeta, el que se enmascara tras la no muy lejana grandeza de una Europa que estuviera entusiásticamente volcada en la vía del progreso social . Hoy, incluso en Europa, la palabra “progreso” es motivo de mofa: Esta es la “ modernidad” que preconiza el librecambismo piadoso anglosajón y sus fieles imitadores islamistas. Por parte del mundo musulmán, no se pueden recoger tampoco unos frutos que han dejado de transmitirse por la reacción represiva en origen y en destino de las relativamente débiles vanguardias proletarias de esos países en desarrollo, pero sobre todo por el motivo adicional de que los modos de producción se han decantado por el más dinámico modelo capitalista estadounidense, capaz de expandir la industria y generar más beneficio y concentración de capital, además de pobreza y marginación, en menos tiempo y con menos resistencias que el modelo decadente adaptable únicamente a economías muy avanzadas socialmente, en las que el capitalismo encuentra serias dificultades para mantenerse erguido: y esto concretamente es lo que las plutocracias y burguesías de Europa y EEUU no han estado nunca dispuestas a exportar y experimentar solidariamente a unos países recién llegados al sistema mundial de producción en los que el desarrollo ha sido imparable. Más bien lo contrario: la negra y disforme esterilidad social del capitalismo anglosajón con la religión metodista adaptada al Islam y el librecambismo ortodoxo como complementos disciplinarios ideológicos.
Puesto que la semejanza es tan grosera entre los intolerantes cristianos y musulmanes contrarios a la crítica anti-religiosa, los propagandistas de los medios europeos no hacen más que recurrir a matices ridículos y selectivos superfluos para, aliándose absurdamente con el “laicismo” a la vez que con el cristianismo de su nación, tratar de extraer diferencias civilizadoras entre musulmanes y cristianos: ¡Incluso se ha criticado que los gobiernos de los países musulmanes apoyen el sentimiento popular de sus ciudadanos creyentes contra Europa cuando es parte omnipresente la crítica constante de esos gobiernos árabes por la desatención crónica y antidemocrática que muestran hacia la voluntad de sus poblaciones! Compruébese no obstante una vez más la igualdad entre estos fanáticos de ambas religiones que son las mismas en definitivas cuentas: Cuando las autoridades de los países árabes hacen lo posible por exaltar a sus influyentes sectores integristas para resarcir a los países europeos y sus diplomáticos piden respeto en Europa, los cristianos reaccionarios, al igual que los islamistas más acérrimos, plantean alianzas guerreras “defensivas”, exhiben opiniones racistas con que explicar la tendencia al fanatismo de los mahometanos, acusan a Irán y a todos los demás de terroristas, olvidando que el gobierno estadounidense de G. Bush ha barrido ciudades enteras en nombre de dios, y que fue votado por las sectas más ultrarreligiosas del mundo. No, no han perpetrado los islamistas la matanza de Srebrenica con más de 10000 víctimas musulmanas, sino los católicos croatas con apoyo de la Iglesia. Cuando los islamófobos ultracatólicos españoles atribuyen a los “moros” el machismo extremo, olvidan que sus sectas fundan colegios segregados cada día que pasa con más frecuencia, o que muchos españoles sexistas se dedican a la masacre diaria de mujeres (no importa, estos católicos los atribuyen a los árabes,... quizás porque sospechan que ellos mismos son árabes hispanizados o cristianizados), y que la nación es un coladero de la máxima permisividad, para las redes de prostitución y de esclavismo (sic) de la trata de blancas.
No fue un terrorista musulmán quién asesinó en 1993 a Chris Hani en Suráfrica, sino un psicópata ultracatólico, anticomunista y racista de la muy moderna y ultracatólica Polonia, país de la “nueva Europa”, cuyo gobierno actual, aliado a la ultraderecha fascista, ultracatólica y nacionalista, mantiene presidios clandestinos de los EEUU. No son los islamistas los que han dado cobertura durante meses, 24 horas al día, acaparando todos los medios públicos y privados de comunicación, a las exequias, preliminares y eventos asociados de la muerte del Papa Woytila. No son los islamistas los que difunden como científica la historia de la Biblia en casi todos los medios de comunicación de derecha y de izquierda. Si estos católicos desprestigian a los árabes de no respetar o comprender la libertad de expresión y las libertades individuales, olvidan que los medios de prensa y comunicación en general y los más poderosos e influyentes están en manos de monopolios políticos partidistas, rígidamente encuadrados y controlados por el capital y el poder, poderes con mucha, inmensa deferencia colaboracionista con la Iglesia y capaces, de ser necesario para sus estrictos intereses, de implicar a la población civil en una masacre o una guerra internacional que en nada les beneficiaría (como se deduce de la matanza de Atocha del 14 de marzo). En España, los medios de comunicación pro-gubernamentales remachan que el gobierno Aznar fue expulsado del poder por la utilización de la “mentira masiva”; a su vez, los medios del partido de J.M. Aznar reprochan el resultado adverso en las elecciones del 2004 por la campaña manipuladora de mentiras de los medios afectos al partido de R. Zapatero. No hay más que preguntar en Francia al público hasta qué grado de manipulación escandalosa, exclusión y control informativo llega el poder político y el capital con tal de persuadir la aprobación de una constitución neoliberal que el pueblo finalmente no aceptó informándose por medios alternativos muy modestos y marginales. Y en el Reino Unido se han dado casos de secuestro de publicaciones europeas que referían noticias sobre la corona real, así como en España se ha condenado al filoterrorista A. Otegui no por delitos terroristas tales cuales, sino por “injurias al Jefe del Estado”, es decir por su opinión (calificó de ”terrorista” a J. Carlos I, como las viñetas de los caricaturistas daneses sobre “Mahoma”) hacia el monarca; como todos los medios de comunicación se abalanzan indefectiblemente a erradicar cualquier atisbo de crítica y opinión que no sea adulatoria en los media a la monarquía española en especial con motivo de bodas y otros eventos regios. La más intolerable ofensa que con más probabilidad provocará la censura en los grandes medios de comunicación occidentales es aquella precisamente que, en boca de algún prestigioso personaje invitado, afirma que en los países desarrollados de Occidente hay censura.
Los brutos más o menos crédulos de las majaderías del “choque de civilizaciones”, ya dogma que no esconde más que la escuela imperialista pro-yanqui de los extensos sectores más retrógrados de los cuatro costados de la tierra, ese tipo de gente que pretende aglomerar “libertad” absoluta de expresión con respeto a la religión, se espantan ahora a estas alturas de la exigencia de control sobre los medios de comunicación de masas para prevenir la ridiculización de la religión, exigencia que iniciaron los sectores cristianos más fundamentalistas en expansión en Europa hace décadas... ¿Cómo pueden sermonear a los estados árabes los moderados y mojigatos del socialismo reformista español (o sus opositores neofascistas del PP/FAES que acusan a las mujeres en parejas de hecho de la existencia de malos tratos en España) cuando el gobierno de Zapatero mantiene aún la financiación directa de la religión católica a costa de la población española, estructuras heredadas del nacional-catolicismo, como cualquier otro vulgar y reaccionario estado musulmán? ¿Acaso olvidan que en el “modernísimo” estado alemán de Baviera el catolicismo es religión favorecida del estado y que la cruz es un símbolo de obligada presencia en todas las instituciones del estado? ¿Olvidan que algunos de los muy modernos gobiernos federales de los Estados Unidos han depurado la teoría científica de la evolución darvinista por la creacionista bíblica y aplican cuanta censura legal e ilegal (bajo cubierta de colaboración “patriótica”) consideran adecuada sobre cualquier cuestión?
Estados Unidos de América, la gran referencia de los derechos humanos para los europeos más despistados o para sus aliados incondicionales conservadores, es un infierno para la prensa y la libertad de expresión, un estado que ni siquiera tiene que asesinar a sus propios periodistas porque ya no lo son : su régimen de comunicación social ha convertido a los grupos corporativos de información de su propio país en agencias propagandísticas al servicio directo del poder (lo que llaman “autocensura”) que escogen y entrenan a militantes políticos en vez de a informadores.
Tienen razón los que señalan a países islámicos como Irán de la persecución de escritores como Salman Rusdie y que casos así son raros en EEUU, pero se “olvidan” de intentar dar cobertura al dato de que el ejército de EEUU en Iraq ha dado muerte desde 2003 a 18 periodistas de todos los países, víctimas “innecesaria y fácilmente evitables”, “especialmente si tienen caras morenas” con “despreocupación y crueldad”, aduce J. Szemerey, representante del Chartered Institute of Journalism, la más veterana institución del periodismo mundial ( http://www.cioj.co.uk/news_censure_1005.html ). En esta página puede leerse que la intolerancia de la Administración Bush lleva a los editores a suprimir noticias sobre “los efectos de sus políticas”, esto es, cualquier crítica que sea. España cuenta con dos profesionales entre los periodistas muertos por EEUU en Iraq. Pero por si cupiese duda, EEUU, el gran promotor de los “batallones de la muerte” en Latinoamérica, está detrás de la muerte de cientos de periodistas en países como Colombia, Guatemala, El Salvador y un largo etcétera, que desde luego, no van a encontrar la gloria mártir de Salman Rusdie. EEUU ha censurado toda información relativa a las bajas de su ejército en la guerra de Iraq, censura sus crímenes de guerra y las torturas en medio planeta, así como los “gulags” que ha fundado recientemente en Europa, con la aquiescencia y mutismo de los gobernantes europeos de más alto rango. Estados Unidos ha censurado y hecho despedir de sus empleos a destacados periodistas que se atrevieron a desafiar la amenaza de censura informal o secreta que pende sobre todos los importantes medios de comunicación del país, sino que además ha presionado para que famosos periodistas críticos como los que han realizado su trabajo en Cuba modifiquen “convenientemente” sus resultados. Las amenazas son muy sutiles y contundentes, entremezclándose con el carácter de periodismo propagandista que ha construido el estado coaligado con las grandes corporaciones monopolistas rectoras a su vez del poder político. Judith Miller es el arquetipo del periodismo de “desinformación masiva” (como se ha dado en llamar) contemporáneo en EEUU; según esta doctrina “periodística” no sólo se trata de censurar sino de mentir a favor de las autoridades políticas neoconservadoras y las maniobras turbias del estado. La famosa periodista, una más entre muchos ejemplos, tras años de servicios de intoxicación a la prensa “desde dentro” por encargo de la administración presidencial, sirvió para delatar a una espía compatriota como venganza del entorno de Bush hacia el marido de la espía, el cual puso en conocimiento público internacional y de la cada vez más exigua prensa “independiente” norteamericana la falsedad de las acusaciones de posesión de plutonio por parte del gobierno iraquí. Es una censura indirecta con intento de homicidio también solapado sin infringir específicamente la libertad de prensa reflejada en la Constitución del país. Pero también ha resultado ser un plan de homicidio la intención recientemente descubierta del gobierno de Bush de bombardear los estudios de la cadena Al-Jazira en Qatar, lo que hizo que las decenas de trabajadores de la institución informativa independiente de EEUU manifestasen su protesta despavoridos.
Pero hay mucho más; sólo Internet, por razones técnicas hasta ahora (aunque cientos de senadores norteamericanos intentan aplicar censura al medio), se ha librado de la censura, como están poniendo de relieve los académicos norteamericanos que han reparado sobre la relevancia y amplitud de la cuestión del acceso a la información en la sociedad norteamericana (ver: http://www.projectcensored.org/ ). Incluso en la cuestión de las caricaturas, EEUU tiene sus simetrías con el denostado mundo musulmán en cuanto a la libertad de expresión: Mike Ramírez, un dibujante en “The Angeles Times” fue visitado por los servicios secretos por una caricatura de Bush... y se añade que la Cartoonists Rights Network declara que desde la promulgación del Acta Patriótica, "hay menos tolerancia, más paranoia y una respuesta refleja conservadora a cualquier pensamiento crítico en los medios que se pudiera interpretar como antipatriótico o antiestadounidense"(ver: http://www.ifex.org/es/content/view/full/53009/ ) Los pro-yanquis argüirán que se trata de un estado de excepcionalidad por los ataques terroristas del 11 de Septiembre... el Medio Oriente y los países de religión musulmana arrastran decenas de años de sobresaltos bélicos e invasiones extranjeras mucho más mortíferas y urgentes con que justificar la censura.
Los neofascistas europeos exigen por su parte el respeto a la “libertad de expresión” escandalizados y angustiados por la respuesta intolerante del “Islam” hacia las caricaturas blasfemas; pero es una postura oportunista únicamente expresada con ocasión de que dicha blasfemia perjudica exclusivamente a los musulmanes. La cuestión es muy distinta si estos extremistas debieran coherentemente defender la libertad de expresión contra el cristianismo ; es típico que en estas ocasiones la reacción europea tiende a acentuar la necesidad de respeto al honor y dignidad de las personas y sus creencias, y, con diligencia, el consenso y la represión se abren paso para acallar la herejía, sin excesivo escándalo por lo común. Pero hay ocasiones en las que la fiebre contra la libertad de expresión es violenta, como ha ocurrido con protestas y polémicas de la Iglesia y los católicos sobre determinados filmes que daban versiones de la biografía de Cristo no muy del gusto de los creyentes. Entonces ni los cristianos apelaban a la libertad de expresión ni los comentaristas de todo tipo en los medios dominantes calificaban de fanáticos atrasados en épocas oscuras a los creyentes.
A causa de esta incongruencia, los socialistas y comunistas, los ateos, los anticlericales y favorables a las políticas anti-religiosas no abogamos por la misma “libertad de expresión”, figurada por los cristianos retrógrados europeos (y occidentales en general) a modo de instrumento selectivo imperialista y racista. Los que militamos contra el brazo místico del capital o de la explotación jerárquica basada en la teología, preferimos un vasto margen de expresión que implique la crítica libre de cualquiera de las religiones existentes en el mundo hoy, y sobre todo aquellas más extendidas y poderosas que entorpecen el avance del socialismo en la Unión Europea. Los materialistas, comunistas y anti-religiosos pretendemos librar activamente (esto es, librarnos a nosotros primero antes que nada) a la “vieja Europa” de los restos de la religión, precisamente para intentar convertir el continente en un lugar modernizado según las viejas coordenadas de la razón ilustrada, hoy tan despreciada por estos nuevos modernos y “neocons” que fuerzan la singladura de la humanidad por las anacrónicas latitudes culturales de hace dos mil años . Los comunistas no persiguen la destrucción violenta de la religión, pues la opresión generalizada por sí misma es sociológicamente bastante inútil; sin embargo no debieran renunciar a su minado hasta acceder a las condiciones históricas favorables a la precipitación de la religión y la creencia en la divinidad a su mínima expresión social; el momento apropiado no lo pueden desencadenar los comunistas, sino que van a ser las mismas guerras religiosas que se alzan en el horizonte del mundo contemporáneo: el imperialismo, el nacionalismo y la religión son inseparables de la guerra y por ende, de la consunción recíproca de las mismas doctrinas religiosas. Ante el espectáculo dantesco que las religiones están ofreciendo a las gentes conscientes, racionales, terrenales y productivas del mundo actual, es de esperar probable que el cansancio y desengaño ideológicos saturen a unas masas perjudicadas dispuestas a acabar con tan insidiosa plaga ideológica y homicida que es la proliferación religiosa y su común denominador que es la confrontación irreductible e inseparable, sea entre religiones, sea entre herejías, cismas y sectas malavenidas. Se observará entonces hasta qué punto grandes partes de la sociedad mundial habrán subsistido oprimidas bajo la omnipresencia tiránica del sistema de control y alienación de las religiones todas. En Europa, la contraofensiva clave hacia la religión se inició en el siglo XVII, cuando el culmen del integrismo de las diversas ramas de la cristiandad europea (junto con todo el entramado imperialista) condujo al hastío generalizado de la sociedad. Es entonces cuando el racionalismo comenzó su ascensión plena en Europa en conexión con los avances tecnológicos y sociales, con el estado centralizado aún más secularizado. Hasta el eclipse de los días presentes.
Los materialistas, ateos, socialistas revolucionarios y los comunistas como no, debemos regocijarnos de que las religiones en el mundo capitalista expresen la delicuescencia del sistema hegemónico actual. Cuanto más se combaten unas a otras no sólo expresan su identidad común en los medios y objetivos (imponer un sistema de supersticiosas creencias alienantes y clasistas a favor de tal o cual grupo étnico o alianza imperialista) y subsecuentemente su idéntica raíz de perversa inutilidad, de decepcionante insuficiencia para la prosperidad de los explotados de todas las naciones del mundo, sino que afortunadamente están obligadas a detraer, a grandes líneas, las fuerzas represoras contra el comunismo o contra cualquier iniciativa social anticapitalista, desviándolas al campo de la lucha recíproca religiosa contra el mismo fenómeno religioso genérico en la forma de “civilización” contrincante, minando, con toda estrategia al alcance, la fe supersticiosa (en su forma genérica) como resultante de la confrontación de las partes religiosas en conflicto. En Europa, donde el cristianismo está desgastado por siglos de lucha interna y de severa competencia con el socialismo materialista y el comunismo, sin olvidar la competencia con el laicismo materialista liberal, se ha transformado en un sucedáneo que aglomera principios evangélicos con ética e ideología secular, progresista burguesa y socialista, e incluso con la ideología marxista entre la curia más izquierdista e infiltrada en la clase proletaria. En estas condiciones de seria corrosión, intenta, como ya se ha aludido, ejercer sus funciones clasistas, propagandistas e imperialistas recurriendo a los preceptos e ideales profanos de la sociedad civil europea más avanzada como prueba de la valía de su contenido, que en realidad poco tiene que ver con la originalidad de sus dogmas inoperantes y anacrónicos específicos: si la auténtica faz del cristianismo fuese desvelada a la inmensa mayoría de la población europea, siendo comprendida, el cristianismo no tendría apenas valor social e incluso tendría serios problemas legales, por no decir de fuerte oposición popular. No obstante, los sectores cristianos fundamentalistas europeos, en su afán por instrumentalizar e incorporar los preceptos más retrógrados y absurdos de su religión con que obtener el apoyo político de la mayoría de la población europea en su cruzada por afianzar su régimen de explotación capitalista e imperialista, se ven inevitablemente abocados a ensalzar a su vez aquellos ideales y objetivos que pertenecen a la Europa de la justicia social, de la democracia, de los derechos humanos y de los trabajadores, es decir, la Europa de la modernidad “clásica” y renacentista. Y lo mismo ocurre en los países islámicos, donde la religión es la respuesta al conflicto de clases interno consecuente al avance lento y masivo de la democracia y la protesta obrera desde hace décadas, y también la respuesta a la agresión imperialista externa. De sendas causas, de la resistencia a la explotación clasista y a la religión (al igual que en EEUU y Europa), como de la escasa lealtad nacional ante la amenaza de las potencias occidentales surge manifiestamente la violencia ideológica cruda, los mecanismos de control social dogmáticos y fanáticos; esto resulta ser una diferencia con Europa, con sociedades cuyo conflicto social está diluido en un mayor consenso social, en un control social más eficaz y sutil, en la autocensura, la disuasión, además de una represión preventiva e incruenta eficaz pero igual de represiva del comportamiento subversivo para el poder:
¿Quién en la Europa más liberal y democrática osaría ejercer constante y públicamente en los medios de comunicación de masas la blasfemia vejatoria de los símbolos supremos del cristianismo? ¿Quién osaría mancillar repetida e inequívocamente ante el público cristiano europeo, con nombres y apellidos, al mismísimo Jesucristo Nazareno pudiendo evitar cualquier censura previa comenzando por la del editor del medio? Tarde o temprano se encontraría con la reacción violenta de los cristianos, seguro que de los menos coherentes con el estoicismo que predica su propia doctrina, es decir, la mayoría de ellos. Esto ocurre todavía más en el mundo musulmán aún por la mismísima razón, como consecuencia de la insuficiencia habida en los resortes de represión, conflicto y consenso que conducen directamente a la violencia represiva... Pero ni siquiera los ateos comunistas más furibundos suelen caer en la denigración arbitraria de los símbolos religiosos con la mera intención de constreñir, de herir a los creyentes, y se llegaron al contrario a extremos inauditos de respeto, v. gr. durante la contrarrevolución dictatorial estalinista en la URSS cuando se desmanteló traidora y desgraciadamente el “movimiento ateísta” para respiro de la Iglesia Ortodoxa, con la excusa improbable (se trataba de reinstaurar el nacionalismo) pero eficaz de la tolerancia comunista debida a la libertad de conciencia individual. No obstante, las violencias proletarias anticlericales y la quema de iglesias son realidades no sólo enmarcadas en tácticas desesperadas de liberación del yugo religioso organizado, sino producto de venganzas impetuosas que han seguido a situaciones insostenibles de exacción por parte de las instituciones religiosas y no como premisa fundamental ideológica. Es de esperar que en el mundo musulmán los oprimidos acaben incendiando mezquitas, como ya ha ocurrido, en un par de ocasiones recientemente en los motines de los extrarradios franceses, si la religión continúa reforzándose a través de su vinculación al poder político, por mucho pábulo que destine a los amortiguadores caritativos socializantes. No obstante, sería un gran cinismo negar que los ateos materialistas no sentimos la tentación y el deber de punir a cuantos partidarios de la fe divina propongan el rescate y la reimplantación de los usos y creencias más atroces y criminales de la religión de épocas pasadas y presentes ; el listado de iniquidades es tan largo que no se puede reproducir aquí más que en sus rasgos más contemporáneos de auxilio de los tiranos (el capital y la burguesía en nuestros días), y sin embargo los atavismos aberrantes cada vez son más frecuentes, más “normales” para más gente. Es por ello que los comunistas no deben bajar la guardia de ninguna manera contra la fe instituida, contra toda iglesia y religión, oriental u occidental, de pobres o ricos. Las creencias en la divinidad y la fe religiosa, son lo contrario al comunismo, al progreso y bienestar humano específicamente sostenidos en el mismo desarrollo del factor humano, y la razón es simple, pues la divinidad no encierra otra cosa que inanidad disimulada en normas terrenas e inevitablemente también materiales.
Por inclinación natural y de modo organizado y sañudo entre los militantes y gobiernos vinculados a las diversas religiones, se recurre a la fe divina cuando se trata de humillar a las religiones antagonistas, infieles y “descreídos”, en nombre de “la fe verdadera, universal y todopoderosa” que también ineluctablemente se destila en las carnicerías imperialistas: como bien se sabe, se ha invocado el pretexto de dios para cualquier matanza, para cualquier robo o exterminio desde la Antigüedad hasta G. Bush y Bin Laden; para la erradicación y maldición de idolatrías paganas y monoteístas casi siempre cuando sus creyentes eran más débiles y oprimidos; para la devastación de la ciencia y los avances ciertos de la humanidad, para esclavizar, para aplastar a los indígenas subdesarrollados, indefensos o ingenuos en continentes enteros bajo la aculturación colonizadora europea, para los más malvados pogroms y las más inimaginables protervidades masivas, comenzando por el perdón del sadismo insaciable del déspota, o la mortificación del cuerpo humano. Y sólo la religión ha sido algo más tolerante y benéfica cuando ha sido apaciguado su celo dogmático por filosofías humanistas hedonistas o mundanales, y cuando su impronta se ha reducido como para impeler a la sociedad a que el esfuerzo creador no se invierta en símbolos de poder y opresión supersticiosa que ejemplifican las maravillosas pirámides, mezquitas y catedrales, y optaran por el aún más magnífico bienestar social . Una vez comprendida la dimensión dañina de la religión y la creencia en dios, se hace necesario el refuerzo de las políticas activas que mengüen la capacidad de la religión para expandirse como factor de civilidad. Y es Europa el único espacio continental donde la religión está gravemente debilitada, ahí donde el esfuerzo dirigido a su global extinción más frutos puede conferir para el régimen socialista futuro, en lento y complejo devenir. No se escapa que las últimas décadas de retroceso religioso y neoliberal, de “modernidad paradójica” o “pos-modernismo”, no pueden ser otra cosa que un intento desesperado y coyunturalmente favorecido por la mundialización del capitalismo (y sus contradicciones), de entorpecer el difícil progreso del socialismo en Europa.
Dentro del fascismo, de la opresión clasista jerárquica y de la brutalidad de la imposición religiosa de la idiotez controlada como estado permanente de conciencia, se están dando dos estrategias, las dos delatoras del carácter equivalente del fenómeno religioso cualquiera que sea la pretendida civilización. Por un lado, los reaccionarios que se “alían” ecuménicamente comprensivos en la cuestión concreta de la exigencia de protección para cualquier fe religiosa ante la libertad de expresión y la crítica atea; esta es la posición del Vaticano, y de los gobiernos europeos conservadores, e inspirados en el socialismo conservador reformista, los cuales ruegan calma y contención a sus medios y poblaciones nacionales para no exacerbar los sentimientos de los creyentes cristianos o musulmanes con motivo de la publicación de las caricaturas danesas u otras con contenidos críticos religiosos, así como la posición de los moderados musulmanes en general en Europa y Oriente. Esta es la postura reaccionaria del comisario de Justicia, Franco Frattini, que ha hecho recomendaciones en este sentido y deja entrever la eventual imposición en la UE de un “código ético” por el que “voluntariamente” se rijan los medios de comunicación: ciertamente, los políticos italianos siempre se hacen sospechosos de secuaces del poder papal, así como los comisarios europeos de los mercaderes capitalistas temerosos de no vender sus productos en países musulmanes, para lo cual es preciso aprovechar y, en nombre de los intereses económicos del conjunto de los europeos incluidos claro está los asalariados, dejar a estos últimos sin voz ni expresión materialista , en especial esa tan denostada, la marxista : pronto los veremos en la clandestinidad (pero los veremos, se lo aseguro Señores comisarios y curas). La propuesta de “ alianza de civilizaciones” del presidente del gobierno español, Rodríguez Zapatero, entre otros líderes dispuestos a contrariar a los EEUU y los neocons es un postulado congruente con la intención de recortar los derechos de libre crítica de la religión en Europa sobre razones aparentemente muy sensatas y pacifistas: permitir todo aquello que no genere conflicto. Es la tendencia de la mayoría de las iniciativas políticas del gobierno del socialismo burgués de Zapatero. También es la tendencia de intelectuales afines, como Goytisolo, a la órbita del socialismo conservador español, los cuales están dispuestos a sacrificar el derecho de unas partes nutridas de la sociedad a la libertad de expresión para que otras partes poderosas no promuevan un movimiento molesto que desestabilice su poder y sus plácidas circunstancias. Por supuesto, Goytisolo, en sus épocas de intelectual rebelde entonces a la moda, defendió a Salman Rusdie y la libre crítica de la religión. Pero hoy ya no considera adecuado criticar la religión porque provoca confrontación, desequilibrio y riesgo de desórdenes sociales, y, por supuesto él es un maduro hombre de orden, una persona respetable con un patrimonio que defender, una clientela a la que inculcar su propaganda reformista y, en definitiva, un partido y un régimen al que rendir cuentas, y unos enemigos que están empeñados en socavarle sus beneficios y llevarle la contraria (los conservadores, pro-yanquis, integristas, etc. y ahora los ateos y rojos, el proletariado de siempre, que seguramente piensa o suponía extintos y que, en todo caso no son la fuente de su negocio). Estos notables no van a permitir que la doctrina de la “alianza de civilizaciones” se venga abajo o se desprestigie por una cosa tan “anacrónica” como la libertad de expresión contra la religión en un mundo que conciben “evolucionado” y “moderno”, al margen de esas faltas de educación de los ateos. Ciertamente, muchas clases burguesas y pequeño-burguesas defienden firmes sus intereses comerciales que requieren paz con los países musulmanes; mientras que muchos musulmanes superexplotados están atrapados en el chantaje caritativista del islamismo, y en la necesidad de que su baza oportunista frente al proletariado occidental se haga valer a través del mantenimiento del neopatriarcado en los países europeos ateos. De ahí que grandes masas de población occidental, a pesar de profesar una forma difusa y débil de disciplina cristiana, de su gran secularización, están convertidas en defensoras de una supuesta fe cristiana tolerante y solidaria, a imagen en realidad de los valores civiles laicos que confunden con el cristianismo y que, a la vez, deseen mantener y reforzar este sucedáneo sincrético religioso a costa de desmantelar la crítica a la religión (es decir, paralizar cualquier avance en la secularización y sublimar la parte más religiosa de sus debilitadas creencias religiosas); y por otra parte, santificar el derecho al respeto y sublimación pública de la religión de los musulmanes. Todo el conjunto naturalmente, en perjuicio directo de la ideología y del sistema actitudinal más trascendentalmente europeo: el secularismo, el socialismo materialista, el ateísmo, etc.
Con lo cual, la susodicha “alianza de civilizaciones” no es otra cosa que otra demostración de que las diversas religiones son una misma ideología genérica, una misma estructura axiológica, que más que una alianza son una fusión de fines y objetivos, y que el simple reconocimiento de que existen distintas civilizaciones basadas en distintas religiones y culturas por muy aliadas que estén, ratifica la identidad acusada de lo que no son más que grupos superficialmente diferenciados en la concurrencia mortal por una misma cosa: el beneficio capitalista a escala mundial. Los Zapateros y sus Goytisolos se equivocan sin embargo si realmente están convencidos que con sus iniciativas ideológicas son capaces de congelar la dinámica de las sociedades. Todas sus iniciativas para estancar el conflicto del modo de producción capitalista en expansión en el mundo sólo hacen que retrasar la colisión de los grupos de capital competidores a costa que concentrar aún más la fuerza de las rivalidades desencadenadas. De nada les puede servir el censurar la crítica de las religiones y de las divinidades, porque está predestinada lógicamente a reemerger sin solución en un entorno en el que las religiones están prodigando despotismo, jerarquía y se dedican a agilizar el reparto del botín imperialista confrontando a poblaciones enteras a la par que generan más opresión entre las masas trabajadoras. La “alianza de civilizaciones” acaba siendo por consiguiente el reverso del “choque de civilizaciones”, igual de racista y primordialista, tan etnocentrista y supremacista respecto al rival, pero en la versión de los capitalistas que se benefician de la creciente depauperación de los asalariados en circunstancias de paz opresora color pastel. Se trata de una elaboración más de la utopía liberal y de la protesta del burgués ( y su lacayo) irritado por el alboroto que causan competencia capitalista y asalariados exhaustos.
Los planteamientos que tienen como objetivo el paralizar el proceso de secularización en Europa tienen por consecuencia sin embargo el que los grandes sectores de población moderadamente fieles a la creencia divina y a la religión, así como a su vez los sectores de población laica moderada, se reconforten en la idea de que su moderación religiosa es consecuencia lógica de la naturaleza de su religiosidad, esto es, la igualación de cristianismo (o mahometanismo en Europa) o genéricamente, religión , a la causa del orden de la civilización de la que forman parte. Sin embargo esta transposición es radicalmente falsa y dañina para los principios mismos que se pretenden subrayar como valores supremos de Europa. (Salvando las distancias, la religión musulmana o hindú no son tampoco las causas de cuanto más saludable hay en las civilizaciones orientales.) Es por esa razón que el intento de acudir en auxilio de los grandes grupos de influencia social para asegurar el confort de su situación social sólo puede conducir a asentar aún más el etnocentrismo y la animosidad entre los grupos religiosos, todos convencidos fraudulenta y ciegamente, de la fecundidad de sus religiones en la producción de altos valores democráticos, productivos y sociales, cuando en realidad esta operación ideológica fraudulenta sólo es posible en virtud del menoscabo de los grupos y tendencias sociales antirreligiosos que son sistemáticamente marginados por la acción política de estos agentes defensores del capital y de la mayor inmutabilidad posible del tipo concreto de orden imperante. El interclasismo forzoso del presidente Zapatero no anuncia más que una reafirmación de los nichos de clase social, el apartheid y el espejismo de dinamismo y movilidad sociales.
La “ alianza de civilizaciones” por lo que se deduce muy eficaz para opugnar los derechos fundamentales más indispensables cuando se trata de recortarlos para los que no pertenecen a una “civilización” teocrática , esa que parece ser la que define el carácter moderno, clave y efectivo del concepto en los últimos tiempos. Llamativamente, pocos, ni cristiano ni musulmán, han hecho alusión enfática y frecuente en medios de gran difusión a la “ civilización ” laica , atea, librepensadora, materialista, cientifista y demás atributos poco religiosos que caracterizan tanto la naturaleza exclusiva de la sociedad global en Europa. Incluso a los pocos diputados izquierdistas que no se levantaron en señal de duelo en el Parlamento español por la muerte del anterior papa se los vilipendió fuertemente, con injurias en algunas cadenas de radio, por su actitud leal a sus convicciones, incluso desde sectores de su propio partido socialista (PSOE), lo cual no es de extrañar comprobada la vehemencia con que dicho partido exaltó el catolicismo durante los meses que rodearon la agonía y muerte del muy anti-socialista pontífice. Está claro que optan por reservar el término “civilización” a aquellas sociedades adscritas según el signo identitario religioso no por otro motivo que por el de mutua comprensión sobre iguales bases cognitivas. Esta estrategia es la que en la UE parece destinada a imponerse en una nueva muestra de “progresismo” (reformismo) capitalista, si el proletariado más avanzado de Europa no lo remedia...
Curiosamente, la actitud de las autoridades de los estados mahometanos persigue en esencia el mismo objetivo: aparte de que instigaron a sus poblaciones a las protestas contra Europa en una reunión conjunta que condenó en diciembre la profanación del profeta (según el diario New York Times ) en las viñetas danesas, y aparte de que se puede inferir un ataque combinado de la reacción musulmana y cristiana de países musulmanes y de Estados Unidos al único área cultural en el que el secularismo y laicismo son socialmente fuertes (Europa), su estrategia es más de alcance interno al insistir en vincular la libertad de expresión y la democracia a consecuencias impías e islamofóbicas, y desprestigiar entre la población a un continente donde la clase trabajadora y la burguesía revolucionaria (tiempo ha) han forzado la existencia en grado notable de derechos citados fundamentales, imprescindibles para la defensa de la clase obrera, tanto en Europa como en los países musulmanes , donde por ejemplo la democracia es una de las aspiraciones más populares y generalizadas entre la población, frente a gobiernos despóticos y totalitarios, en mayor proporción que en la misma Europa. De nuevo, también, son perceptibles los propósitos de confrontación imperialista (no sólo se trata de una alianza solidaria pan-islamista contra la intervención extranjera occidental, sino que tan honorables anhelos se entremezclan con las ambiciones en la competencia por extender el dominio de los mercados y las materias primas por parte de los estados musulmanes, compitiendo con terceras potencias preferentemente en Asia y Africa), junto a intentos de presionar a Europa contra Israel y EEUU, pero sobre todo de represión de la emergencia de las reivindicaciones del proletariado en esos países: unas reivindicaciones manipuladas y pervertidas, si no abiertamente vituperadas por la religión musulmana. Y Europa, la Unión Europea, es el dechado exclusivo en el planeta para inspirar la edificación de un régimen orientado al socialismo y otros derechos democráticos cuya sola mención es un sobresalto permanente para las oligarquías parafascistas y teocrátizantes que medran con dificultades en Oriente musulmán, (el más retrógrado EEUU no sólo abomina de la influencia cultural que ejercen los valores socialistas de la clase trabajadora de la UE que impregnan casi todas las instituciones continentales y en el mundo árabe, sino también en su coto latinoamericano).
La estrategia alternativa , también común en el grupo de las grandes religiones con influencia y participación política, está dictada por el indispensable proselitismo que precisan para adquirir respaldo amplio entre las masas ciudadanas o de súbditos de cada país, particularmente cuando entre la población modesta y mayoritaria de los distintos países hay una fiera competencia, al menos potencial, con el socialismo y el comunismo (en forma de tendencias reales espontáneas), el genuino enemigo sustancial de toda religión, la auténtica “alter-civilización”. Las religiones musulmana y cristiana como judía o hinduista, están obligadas a incluir en sus aspiraciones y ceder, de una u otra manera, a parte restringida de las necesidades de la población general oprimida bajo el capital o el feudalismo, por mucho que a la vez se esfuercen en vaciar y minimizar la cesión: derechos fundamentales, redistribución, mínimo vital, protección social, empleo, etc. Por supuesto, en Europa, las religiones deben adaptarse al grado mucho más elevado de ventajas sociales que la democracia socialista ha aportado durante más de dos siglos de luchas de clase, por lo que deben incorporar aún más aspiraciones de progreso si desean atraerse a la población y comprometerlas a cambio en sus fines opresores y destructivos doctrinales globales. Incluso los islamistas en la Europa desarrollada matizan su “radicalidad” en estrecho correlato con los objetivos prácticos: la colaboración con el islamismo de los países en desarrollo del mundo árabe y musulmán les vincula a la mucha mayor virulencia del belicismo imperialista o de redención pan-nacionalista, mientras que el radicalismo islamista pacífico prescinde menos de la aspiración a mayor movilidad social en las naciones de acogida (es curioso y llamativo el “choque” dialéctico que se da entre los dos tipos de radicalismos cuando se encuentran fuera de sus respectivos entornos). Esta es una baza de los activistas comunistas y de todos los grupos contrarios al capitalismo y su pátina religiosa en mayor o menor grado hoy en Europa e incluso, aunque bastante menos, en las mucho más oprimidas clases proletarias de los países musulmanes (y a las más encuadradas en el capitalismo del mundo anglosajón desarrollado, EEUU, etc.). Pues así que algunos sectores más pro-imperialistas y oportunistas del cristianismo europeo promuevan sin cese, con fines de falsa y populista, diferenciación, el valor de la libertad de expresión, de reunión, la crítica de los dogmas de fe en general, el librepensamiento, el derecho a reivindicar y de libre elección, la democracia, etc., saldrán muy beneficiados los principios por los cuales los comunistas y las alternativas al capital recogen adhesiones, al ser mucho más fácil explicar la “causa” a un asalariado ya entrenado y acostumbrado en una cierta medida a reivindicar los valores de la democracia, la crítica y la necesidad de respeto al escepticismo religioso y al ateísmo, que a un asalariado absolutamente ignaro de la existencia de toda una genuina civilización auténticamente distinta de aquella que predican los capitalistas conservadores y reformistas, y su instrumento opiáceo psicosocial que es la religión. De no aprovechar los sectores socialistas y comunistas este acercamiento relativo que la religión cristiana o musulmana u otras acometen en su afán por acaparar apoyo popular, los fieles moderados y los laicos menos conscientes serán más manipulables por las instituciones religiosas y por los partidos conservadores y neoliberales imperialistas, pues el mismo etnocentrismo de las capas más atrasadas de la población contribuye a mantener el prejuicio de que la religión o el cristianismo, en Europa, es el germen responsable de los progresos democráticos, sociales, de derecho, de estado de bienestar y de libertad de expresión que goza la clase trabajadora e incluso la burguesía: el discurso reaccionario tendrá más asequible el falsear la historia y la sociología de Europa para atribuirse los méritos de los movimientos sociales revolucionarios en pos de la redención del orden jerárquico bendecido por la divinidad patriarcal, el feudalismo, el capital y la irracionalidad fideísta, así como toda esa inacabable letanía vacua de supercherías teo-patológicas. Y paradójicamente, los logros cincelados con la sangre, sudor y lágrimas de las generaciones más preclaras y audaces en su lucha contra la obcecación religiosa estarán puestas al servicio del clero y la clase burguesa convertida en nuestros días en un vector social involucionista, unos logros que se invertirán en la glorificación del nacionalismo imperialista occidental, en la demolición de las resistencias del proletariado europeo y en la opresión racista de otras etnias y naciones enteras, que responderán a la agresión con cada vez más idénticos regresivos métodos. Y esta consecuencia es lo que sirve para ratificar lo esencial, que no hay más que un “choque de civilizaciones”: aquel que enfrenta burguesía y sus lacayos con el proletariado, capitalismo contra comunismo; y no hay, para el proletariado, ninguna otra “civilización” que perder salvo aquella que hoy le encadena a la iniquidad capitalista y a la idólatra abyección de sus religiones.____[Portada]Terrorismos internacionales |
EspañaEuropa Rutina antisemita contra árabes y musulmanes |
Invasión del Líbano 2006 El arma atómica iraní beneficia a la Unión Europea La virulencia extrema de Israel está demostrando la norma estratégica de dicho apéndice de los EEUU: la exportación del terrorismo al mundo entero y el intento de atracción de potencias de la UE al eje propio, en el afán de aislar al máximo a los países que resisten las políticas neocolonialistas y pro-yanquis en el área. [Sigue.]
Es conveniente retener dos polos actitudinales para clarificar el complejo, ambiguo y nebuloso ámbito ideológico del mundo árabe y musulmán. El legendario Al-Ghazali simbolizaría el teísmo irracionalista (...). |
| Islamismo |
| Acomodos ideológicos en la encrucijada aún viva de Averroes |
| Es conveniente retener dos polos actitudinales para clarificar el complejo, ambiguo y nebuloso ámbito ideológico del mundo árabe y musulmán. El legendario Al-Ghazali simbolizaría el teísmo irracionalista (...). [Sigue.] |